martes, 12 de febrero de 2013



-¿Los polacos están aquí? No sabía, ¡qué gusto! ¿Y qué hacen o qué?
-Vamos a ir a la latin quartier a comer porque los pobres comen diario aquí en su restaurante y ya no pueden más.

En el barrio latino (NO ES DONDE ESTÁ LA COMUNIDAD LATINOAMERICANA, así se llama porque ha sido zona de estudiantes desde hace siglos y originalmente hablaban latín. Evidentemente es donde está la Sorbona de París) hay muchísimos restaurancillos tipo francés donde puedes comer comidas corridas por 8, 10, 15 o hasta 20 euros.. y a mí me encantan, pero hay uno en especial que me maravilla porque los dueños son unos hermanos rusos y se empezó a correr el rumor de que si eras de nacionalidad rusa y no entendías francés, fueras ahí y te sentirías como en casa, así que todos los rusos de París estaban en ese punto siempre. 

Fuimos y comí pato de pura nostalgia de ver a los polacos. Nos platicaron que terminaron haciendo negocios en París aunque ellos no querían y así se siguieron hablando hasta que los rusos empezaron a mover unas mesas, este lugar es bonito porque ya entrados en copas cualquiera extraña su casa, pero aquí pusieron música rusa, ¡y a bailar, beber y cantar! aquello terminó por parecer una boda. Cam y yo optamos por ir a dormir una villa estudiantil donde su amiga, mejor conocida en México sencillamente como “la turca” se estaba quedando. Adiós por hoy Polonia y Rusia, hola Turquía. 

face      Nicole Adiktah
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Es hora de volver a cargar mi celular.. mil mensajes de Beto otros tantos de Alex... ajaa.. ¡uno de Camila! ¡qué emoción! “Amiga, ¿vas al Grand? ¿por qué no me contestas? Te amo” Ahora que lo pienso la única persona con quien me la paso bien en esas fiestas con ella.

Camila era una persona especial. Aunque es hija de gente muy importante y está rodeada de lujos todo el tiempo, es desenfadada, en su forma de ser, de pensar, de actuar... y claro, de vestir. Me encanta ver sus fotos en periódicos y en revistas sociales, siempre aparece rodeada de oxigenadas, plásticas, operadas, haciendo boca de pato, entaconadas y falsas mujeres de sociedad y ella con su ropita sin chiste, en flats pero atacada de la risa (creo que no entiende que las fotos son para sonreír no para reír, jaja). Es de las que nunca le haría daño a nadie.. y aunque mi mamá la califica constantemente de hippie, también sabe que cuando los eventos son magnos hay que lucirse.. eso es lo que me gusta de ella, lo versátil que es. Es más, en sociedad es famosa por eso.. desde niña, cuando jugábamos a ser hermanas porque se apellida casi como me llamo: Nicholayevsky.

-¿Cami?
-¡Nico!
-¿Cómo estás? ¿dónde andas?
-Bien, bien ya llegué a París, ¿y tú? ya llevas rato por acá, ¿cierto?
-Sí llevo días aquí pero mi hermano no me soltaba: museos aquí exposiciones acá eventos por acuyá, ya sabes cómo es, se quiere comer el mundo y no nos dio la vida.
-¡Qué bien! ¿Estás con él?
-No, fue a Barcelona a ver a Carlos Alberto Peñalver.
-¡¿Carlos Peñalver está en Europa?!
-Sí Cami, y te prohibo ir a perseguirlo, te-lo-pro-hi-bo.
-No te cansas de hablar feo de él, ¿verdad?
-No me canso de cuidarte de él, que es otra cosa.
-¿Bueno y qué plan Nic?
-Tú dime.
-Yo estoy con los polacos, ¿no quieres venir?

Ay esos polacos... nunca, NUNCA se me va a olvidar cuando Cami y yo los conocimos. Eran dos jovencitos emprendedores que habían abierto un restaurante de comida polaca en la Condesa, en la Ciudad de México. Yo invariablemente pedía el pato a las peras con ensalada de betabel y arenques con pepinos en salmuera, eran una auténtica delicia y la especialidad de la casa. Cami pedía siempre diferente y era muy indecisa, se tardaba tanto, que cuando los polacos ya eran nuestros amigos se la pasaban sirviéndole cosas “sorpresa” que no estaban en el menú. Pero bueno, un día hubo ahí un evento privado y cerraron las puertas al público. Estábamos en la terraza Cam y yo cuando se acercaron los polacos, nosotras sabíamos que eran los dueños pero nunca habíamos cruzado palabra con ellos. Resultó ser que era cumpleaños de uno y en aquel entonces no sabían mucho español y a eso, sumarle lo mucho que habían tomado okowita (vodka), pues dio como resultado que lo único que pudo decir (unas doscientas veces) fue: “you, me, disco” . Después descubrí que lo quería era bailar.

El restaurante quebró y ellos volvieron a Europa, pero nunca a Polonia, ellos se buscaron otro restaurante donde hacer negocio y yo otro restaurante donde comer pato a la pera.


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No pues ya sabes que por mí sí hermano, pero ni modo que dejar solita a Nikkie, y si la llevo se va a aburrir, la verdad me la estoy pasando bien, ya teníamos tiempo de no hacer cosas juntos.

Sí se me antoja mucho, pero ¿qué te digo? vine a cuidar a mi hermana.

Seguramente hablaba con Charly. En las bolitas de hombres nunca faltan varios personajes: pero los más básicos son el bufón, el inteligente, el galán, el romántico y el líder. Charly claramente es el bufón. Te mueres de risa cada que habla pero es alguien que no deseas de novio ni de tu peor enemiga. El auténtico prototipo de patán. Le ha tirado la onda a unas mil, ha tenido queveres con unas 400, ha salido con 200 y andado con unas 100.. claro que estoy exagerando, pero no por mucho. 

-Yo creo que platicamos, ¿no? - le dije
-¿De qué?
-Pues de que no tengo 10 años, y de que no soy Gina..

Gina fue una novia que tuvo mi hermano, era más chica que él y la forma en la que se comportaba era de niña chiquita. Desde que cortaron tiene una necesidad ridícula por cuidarme. Claro que antes de eso casi ni hablábamos. 

-¿Qué tiene que ver Gina?
-No tienes que estar atrás de mí cuidándome todo el tiempo, aunque lo agradezco, no lo necesito. Puedes ir a donde quieras, cuando quieras. Estás en Europa, sal a hacer lo que te de la gana.. para eso es viajar, para sentir esa libertad que no te da tu hogar, porque aunque México es increíble y me encanta estar en mi casa, estar ahí es tener obligaciones, trabajo, tarea, responsabilidades con unos y con otros. Estar fuera es estar en un mundo paralelo donde todo es posible y donde no hay a quien entregar cuentas ni a quien pedirle permiso.. y menos a mí.. nunca dejes de viajar por alguien, no importa si soy yo, si es mamá, si es una novia, no dejes de permitirte la oportunidad de vivir algo increíble solo, de regalarte una experiencia, porque es algo que te va a acompañar hasta que te mueras, en cambio, las personas no son seguras, esas no son para siempre: cortaste con Gina, ya ves, y por ella no te habías ido a estudiar al extranjero. 

Le sonreí y le ayudé a empacar. “Igual es sólo por unos días” - decía con una sonrisa en la boca. Además se va con Charly, se la va a pasar increíble. Fui a dejarlo a la estación, en lo que llegaba el tren no sentamos en un lugar de hamburguesas, pero yo iba a la mitad de la mía (como lentísimo) cuando ya era hora de que mi hermano se fuera.

No te pares, tú acaba de comer yo ya terminé, mejor me voy yendo. Regreso en unos días, ¿vale? No dejes de marcarme diario o mandarme algo porque si no ¡regreso! Nos reímos un ratito y se fue. Y justo después me sentí mal, el había ido hasta allá y yo orillándolo a dejarme y a viajar solo (porque de París a Barcelona iría solo pues), así que después de unos momentos de pensarlo, boté la hamburguesa y corrí al tren, creí que ya se había subido pero no estaba hablando por teléfono justo en la entrada. Yo iba a llegar por detrás suyo para aunque despedirme bien, con un abrazo, con algo pero lo escuché decirle a Charly:

-La verdad me voy sin preocuparme, sé que sabe cuidarse sola... pero igual ya sabes que no la estoy dejando sola.

...Y pensé en Matuk...

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martes, 29 de enero de 2013


Próxima parada la Gare du Nord. Traía mil maletas y mi hermano ya me había mandado un par de mensajes para saber dónde estaba. Me bajé del tren (que fue una reverenda monserga dada la cantidad de personas que se subieron al tren sin reservación y creían que no los iban a cachar). Para que lo sepan, te multan y te bajan si eso ocurre. Me urgía verlo y abrazarlo porque insisto, ustedes no saben lo infinitamente sola y miserable que me he sentido en este viaje, particularmente las primeras semanas, después ya estando con amigos lo fui olvidando, pero aún así...

Él estaba comiendo algo de una envoltura de celofán amarilla y no se dio cuenta de que yo estaba detrás suyo.

-Hola guapo
-¡Nikkie!
Nos abrazamos y luego me dijo:
-Por favor vamos por algo decente de comer porque ya no puedo más.

Lo llevé a Casa Domenico, que es el restaurante en contra esquina del hotel de Jerome, y claro que pasé a saludarlo, no nos quedamos ahí porque Mauro, el mejor amigo de Álvaro nos prestó su depa.

Mi hermano estaba como niño chiquito, nunca lo había visto así: sacaba un librito y de ahí decidía a qué museo ir, en qué bar tomar... como si no se supiera París de memoria. Bueno no importa hay lugares que tengo mucho de no ir y hay otros tantos que no recordaba o que nunca había ido. Yo ese día no tenía ganas de nada, estaba cansada y quería dormir, mi hermano en cambio traía toda la actitud del mundo.

Al día siguiente me despertó a las 6am ¡a las 6 am! Me bañé como pude y desayunamos huevos Romanoff (huevos pochados sobre salmón metidos en pan muffin tostado con mantequilla, acompañado de sukini asado y aderezado con salsa holandesa y caviar beluga encima) que claramente hizo Álvaro porque a mí se me quema el agua.

Esta era la primera vez que viajábamos solo él y yo, así que cuando dijo “a ver si me aguantas el paso”, me reí por dentro porque no sabe con que clase de viajera esta tratando.

sábado, 19 de enero de 2013


Una vez fui a París con Beto. Claro que no fuimos solos, fuimos con nuestros respectivos padres pero nos la pasábamos sin ellos. Nuestras familias aprovecharon para verse, ellos venían a ver a Beto y nosotros al mejor amigo de mi papá que era embajador de México en Francia. Él me mostró la Sorbona, que era donde estudiaba en aquel entonces. Y yo le enseñé el lugar donde siempre me he quedado desde que recuerdo, a unas cuadras del Arco del Triunfo. El dueño del hotel se llama Jerome y como me consiente cada que aparezco por ahí. Me ha visto chiquita, enamorada, llorando, sintiéndome sola... Y para componer mis días tristes antes me daba jugo de naranja fresco que mandaba hacer en la cocina, ahora me invita pastis.

Beto lo odiaba. Al pastis y a Jerome.

Un 27 de noviembre hacía un frío infame y Alberto quería pasear a fuerza.

-Ya no quiero caminar Alberto, ya me cansé y hace mucho frío y si mi mamá se da cuenta de que nos salimos del cumple de Melissa se va--
-Ya, ya, está bien, pero hay que regresarnos por el otro lado.

Habíamos caminado todo el Senna de Oeste a Este y el puente más cercano era el de Solferino, el famoso puente del amor, donde las parejas ponen un candado con sus nombres, lo cierran y tiran la llave al río, de manera tal que si alguien quiere deshacer esa unión, tendrá que bucear en el Senna hasta encontrar la llave y abrir el candado.

Cruzamos por ese puente y Alberto se sentó en una banca a amarrarse las agujetas, lo que me faltaba, esperarnos justo donde más corriente hay. Así, sentado se me quedó viendo con sus ojitos verdes entrecerrándolos por el viento y sonrío. Por cursi que suene se paró el tiempo y fui feliz: así con él mirándome y con una resolana de invierno iluminando París, París de fondo.

-¿Quieres ser mi novia?


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Tengo un cuadernito en el cual desde niña le escribo a París. Más que nada son cartas de amor. Nunca olvidaré la primera vez que fui. Todo me maravillaba. Todo lo que tocaba el sol era digno de ser alabado. Y mis ojos se llenaban de belleza cada que los abría. Nunca me he cansado de París y sus alrededores, ni de los jardines de André Le Nôtre, ni de los puentes. Menos de la torre Eiffel, y claro que es un cliché pero qué me importa, nunca he me he sentido más viva que cuando la vi por primera vez, me fui de rodillas contra el pasto y la admiré por horas.. sonreí por días. Y ahí empecé a escribir de mis viajes, lo hacía aunque fueran letras sólo para mí. Ahora que publico les quiero compartir un poco de aquello, pero cuando se acabe París.

domingo, 13 de enero de 2013



Dormimos y dormimos y dormimos. Y al despertar decidimos que se había acabado Berlín y que habíamos cerrado con broche de oro. Despedirme de Berlín era algo que aunque parecía sencillo después terminaba por dolerme quién sabe porqué, y me daba nostalgia acordarme o ver el llavero que compre ahí y que siempre traigo conmigo. Veo las fotos de mil ciudades pero veo las de esta y mi corazón se hace chiquito y las palabras no me salen, pero por lo mismo siempre prometo regresar y siempre regreso.. ¡Pero ya! ¡Dejémonos de eso! Siguiente parada Bélgica, directito al Tomorrowla--

-¿Bueno?
-¿Estás loca?
-¿Quién habla?
-Álvaro.

Me apaniqué, era mi hermano mayor.

-Contéstame Nicole, te juro que si cuelgas--
-Aquí estoy, aquí estoy.
-¿Cómo esta eso de que andas solita por todos lados? ¿Me quieres decir?
-Bueno ni tan solita, estoy con unos amigos.
-¿Con unos amigos? ¿Dónde los conociste? ¿Quiénes son? De seguro los conociste allá. ¿Qué te pasa Nicole? ¿Qué no viste búsqueda implacable? ¿Sabes de los peligros...

[Esta platica siguió para siempre]

-Bueno, y a todo esto, ¿dónde carajos estás? 
-En Berlín
-¿Y que tal? ¿Te gustó?-me dijo ya en un tono más amable.
-Sí, mucho-
-Qué bueno, en fin, te me vas a la central y reservas un ticket a París, te espero en la Gare du Nord. Mándame un mensaje de a qué hora llegas.
-¡¿Estás aquí?!
-Claramente estoy aquí, no iba a dejar que anduvieras viajado sola.

Fue un segundo en el que lo pensé todo: él tenía que acostumbrarse a la idea de que ya no era una niña y de que era independiente, me las he arreglado sin el toda la vida y esta no tiene porque ser la excepción; sin embargo, y aunque sé que no he querido ahondar mucho en esto, me siento sola, casi siempre pero aquí mas, y mi hermano es alguien a quien adoro y disfruto mucho su compañia, y más que se preocupe por mí. Adiós Tomorrowland, adiós amigos, adiós Berlín de nuevo.... además... como si me pusiera de malas ir a la ville lumière.


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